Tuve al oportunidad de asistir a una de esas
reuniones femeninas donde otras
féminas intentan hacer que te des cuenta de que utilizando ciertos cosméticos tu vida será mucho mejor y más feliz.
Y es que, como siempre digo, hay que probar las cosas para saber si te gustan o no o sencillamente para poder opinar sobre el tema, cosa que me dispongo a hacer a continuación - sin mencionar el elevado aspecto económico del asunto en cuestión, de sobra conocido por todas -.
No soy, para nada, aficionada a las cremas ni potingues varios. Pienso que con agua y jabón y poco de crema hidratante se puede intentar tener un buen aspecto ya que básicamente cada piel es diferente y todo depende tanto de la genética – cosa que no se puede cambiar – y de una sana alimentación –cosa que sí se puede cambiar, aunque nos cueste-.
En resumen, que apliqué todos aquellos mejunjes a mis manos y mi cara y cuando me he levantado hoy, me he visto la misma cara que tenía ayer. Tampoco me siento ni más alegre, ni más guapa, ni mejor persona, ni pienso que mi vida será perfecta a partir de hoy.
Por supuesto que los resultados no son inmediatos y que tendría que aplicarme todas aquellas cantidades de cremas diariamente, tanto por la mañana como por la noche, sino la cosa no funciona. ¡Cachis!
Lo siento mucho señoras, pero a las seis de la mañana no puedo ponerme a echar aquel set básico compuesto por un mínimo de cinco mejunjes diferentes con lentitud, con pequeños y suaves toquecitos sobre mi piel para su buena absorción y así mantenerme joven ya que me quitaría tiempo de sueño y eso me parece algo de lo que no puedo prescindir. Vamos, que lo necesito como el comer. ¡Y eso era sólo el principio, que luego vienen las múltiples formas y tonos de maquillajes y demás!
Después de esta experiencia, hoy, agua y jabón y ¡lista! Que los milagros no llegan en forma de crema.
Quizás los resultados sean más psicológicos que físicos y aquellas – y aquellos – que crean verdaderamente en ellos, los noten, pero no es mi caso. No estoy diciendo que aplicarse cremas sea perjudicial, pero es que yo soy de las que piensa que, sencillamente, quien se siente bien con una misma es feliz.
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Canción de otoño en primavera
Rubén Darío